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micolumna

Fabricar cositas

Fabricar cositas

En España se nos cayó la construcción y ahora no sabemos por donde tirar y si lo supiésemos tampoco tenemos pasta. Se nos vienen a la cabeza cuestiones como eurovegas, que vuelva a fluir el crédito, que se reactive la construcción etc, etc. Pero parece que, como los malos estudiantes, siempre buscamos excusas para no hacer lo que hay que hacer. ¿Qué es lo que tendríamos que promover para salir de la crisis? Lo que hacen todos los países ricos de Europa: fabricar cositas y venderlas fuera. 

 El mundo es un mercado global en donde los chinos fabrican muchas cositas, no siempre de buena calidad, pero muy baratas. Los alemanes y los japoneses fabrican bastantes cositas, algo caras, pero de mucha calidad. Coches, maquinaria industrial, aplicaciones de todo tipo. Los nórdicos desarrollan patentes e investigan. Los franceses intentan copiar a los alemanes y sacan más o menos lo mismo, de peor calidad, pero más barato, y eso sí, con mucho diseño; lo mismo que sus/nuestros queridos amigos italianos. Los británicos no fabrican cositas, pero exportan basura financiera, con gran éxito de público. Los países iberoamericanos exportan materias primas para que los chinos y los alemanes fabriquen cositas. Los norteamericanos compran a todos y como su moneda es la referente mundial pueden acumular deuda estratosférica. También fabrican material informático, aerospacial, biomédico, y muuucho armamento, etc, etc. Siguen dominando el mundo, y además, la cultura del ocio (para mí Hollywood vale mucho más que la Sexta Flota).

 ¿Y España? Como tenemos sol y por ahora ni los políticos ni especuladores arrimados pueden impedir que siga saliendo todos los días (aunque todo se andará…) vendemos turismo unos cuantos meses al año y luego agricultura. Es un principio. El sector de la agro transformación ha sido uno de los más exportadores desde que comenzó la crisis. Cuanta más transformación mejor. Para igualar un Audi hay que vender mucha lechuga, pero si a las lechugas las envasamos con garantías y calidad, la lechuga gana valor añadido. Hablando de sol. Las renovables en el caso de España no son sólo una cuestión de rentabilidad, sino una cuestión de potencial. Si tenemos sol a cascoporro y la energía solar es cara, ¿no sería interesante invertir en desarrollar una tecnología solar barata que nos permitiese no sólo autoabastecernos, sino exportar? Oh, es imposible, es imposible… Pero seguro que algún día llegará algún chiflado que meterá unos chips a los espejos solares que hacen no sé qué virguería que supondrá que produzca lo mismo que una central térmica. Y como será norteamericano, israelí o sueco, España perderá un potencial único.

 ¿Y la industria? Ay, la industria. Es la industria a España lo que la lluvia al desierto del Sáhara. Para vender cositas hay que fabricarlas. Para que las cositas no dependan sólo del coste de mano de obra, tienen que contar con valor añadido y para eso hay que incorporarles tecnología. La tecnología depende de las patentes. España dispone de excelentes técnicos, pero están largando a trabajar para las patentes de otros. Para fabricar y exportar se necesitan infraestructuras, maquinaria, acceso a medios de transporte, redes de contactos, etc. Vamos, capitalización y saber moverse. Saber movernos sabemos un huevo. De pasta ni hablar.  En fin…

 Lo que mayormente se exporta son bienes manufacturados, porque los servicios, salvo turismo y finanzas, son difíciles de exportar. La economía española es una economía de servicios. Por lo que los servicios no financieros y no turísticos se orientan a la demanda interna. Chungo (tal como está la cosa).

  Existe otra economía de servicios potencialmente poderosa a expensas de cómo se consoliden las tecnologías de los mercados audiovisuales. Es la cultura de los contenidos. En esta nueva industria España cuenta con ventajas con las que no cuenta Finlandia, por poner un ejemplo. La grandeza de su idioma. En este tema olvidémonos de Bruselas. España, capital Miami.

 En fin, el esquema parece simple: fabricar cositas, mejor si son de calidad y con tecnologías y diseños interesantes y venderlas fuera. Con el excedente alimentar una demanda interna que favorezca un sector servicios sostenible. Y lo que se pueda exportar de los servicios, también exportarlo.

 Fácil de decir, pero llevamos dos siglos y medio (desde que se inventó la máquina de vapor) sin dar con la tecla adecuada.

 Aunque claro, tampoco habíamos dado con ella en eso del fútbol… Y si no, miren a Amancio Ortega.

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