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micolumna

La importancia del fracaso

La importancia del fracaso

El refrán de lo que no mata engorda, es cierto. Todo aquello que no nos destruye nos hace más fuertes. Las gripes y resfriados permiten a nuestro sistema inmunitario entrenarse y ser más poderoso. Los momentos difíciles favorecen nuestro temple. Las especies han evolucionado a través del principio de ensayo y error. Las civilizaciones humanas han avanzado a través de saltos tecnológicos cualitativos que en muchas ocasiones han sido el resultado de soluciones a errores previos o, incluso, soluciones anteriormente desechadas por ser consideradas equivocadas.

 De algún modo el fracaso es una escuela de la vida. Normalmente al final gana no el que se pone por delante en el marcador desde el minuto uno, sino el que es capaz de gestionar su propia ansiedad y saber remontar los resultados adversos. Más si la competición es a largo plazo y la vida lo es.

 Dice una canción inglesa “he tenido demasiado éxito y eso trae mala suerte”

 Por eso, en estos días de resaca electoral (hoy es 22 de noviembre de 2011), se me viene a la cabeza lo que me dijo un amigo más bien de izquierdas , en marzo de 2004

 “Este Zapatero es muy sonriente. Siempre le ha ido bien. Todo le ha ido siempre viento en popa. Cuando le vengan mal dadas va a ser la debacle.”

 Tal vez le ha estallado la crisis más grave de los últimos cincuenta años. Tal vez los problemas estructurales de España arrancan de mucho más atrás, de la incapacidad de fijar una estructura industrial estable, moderna y exportadora que produzca bienes para surtir al mercado internacional y generar plusvalías para sostener un sector servicios que genere empleo en el mercado nacional.

 Pero está claro que un hombre que antes hubiese conocido el fracaso hubiese gestionado de otra manera. No se habría rodeado de incompetentes ni aduladores y desde el primer momento hubiese sido más cuidadoso de lo público y más equitativo con lo privado. Hubiese tenido convicciones profundas, bueno en el sentido del verdadero fondo del alma humana, pero no buenista. Luchador pragmático en un mundo donde el mal también existe. Optimista antropológico, pero sabiendo que el mundo tiene dientes y muerde. Soñador de un mundo mejor, pero también conocedor de las miserias de la condición humana. Teniendo al dios del optimismo como fin, pero al dios de la restricción como consejero.

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