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micolumna

Un mundo peor

Un mundo peor

Cuando éramos preadolescentes nuestros padres nos solían decir cuando nos quejábamos de algo, en mis tiempos yo empecé a trabajar a tu edad… Pero los abuelos decían y yo con ocho años me levantaba a las seis de la mañana para irme con las vacas al monte. A mis bisabuelos no los conocí, pero probablemente ni tendrían vacas.

 Sin embargo, los tiempos están cambiando y probablemente dentro de cuarenta años nuestros hijos digan: ¿te acuerdas cuando papá, en paz descanse, nos llevaba todos los años a la playa? Qué felices éramos. Hace tanto tiempo que no puedo ver el mar.

 Y nuestros nietos dirán: el abuelo era un tío con pasta, tenía una carrera universitaria y un puesto de trabajo estable. ¡Qué cretino!

Algunos, como Niño Becerra afirman que el mundo ha mantenido la demanda gracias al crédito, pero los salarios reales y los ingresos no pueden sostenerla, porque simplemente, sobran personas en el mercado laboral y las materias primas están al borde de la desaparición. Otros, más conspiranoicos, afirman que los cuatro que controlan el cotarro han decidido de manera más o menos organizada o más o menos anárquica, reducir la demanda mundial para conservar las materias primas para sí mismos, destruyendo la clase media y eso que denominan "masa sucia". Demasiado perverso para no tener algo de verdad en el fondo. Demasiado coordinado para tanta maldad. 

Sea lo que sea, parece que estamos en un momento de inflexión, en donde el mundo comienza a caminar hacia atrás. Es sistémico, no coyuntural. Algo así como en la época del Bajo Imperio Romano. Cada generación será peor que la anterior.  Es hora de pelear por el futuro de nuestros hijos. Con ese pan no se juega.

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