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micolumna

Cuando los ciudadanos son un mal necesario

Cuando los ciudadanos son un mal necesario

En un episodio de la genial serie Futurama, la cabeza de Richard Nixon, conservada en formol, afirmaba que él nunca había visto que las elecciones fuesen algo necesario para “el proceso”.

 

Y ciertamente, es así. Los ciudadanos son un mal necesario, gente que te vota cada cuatro años, a los que presentas un programa político que no tienes por qué cumplir, ante cuyo incumplimiento no tienes por qué dimitir, ciudadanos a los que vendes caramelitos de fresa electorales pero que sistemáticamente puedes hacer retroceder en sus derechos y libertades.

 

Porque gobiernas al dictado de tus acreedores, los que te han prestado el dinero para que en tu incompetencia te lo hayas gastado en tonterías. Porque gobiernas al dictado de los acreedores de tus bancos, que se han endeudado para que todas las familias de tu país se endeuden a su vez, de por vida y que a la vuelta de la esquina, han visto esfumados sus puestos de trabajo. Porque tu banco central no hizo nada para frenar esa vorágine y ahora dice que te quedas corto en tus recortes. Haces que los españoles volvamos a ser competitivos contra Marruecos y no contra Silicon Valley. Jornaleros a cuatro duros, ñapas, poner copas y ladrillos, porque parece que no valemos para otra cosa. Pero los muchos que valen, que a otras empresas extranjeras sí les valen, inician el camino del destierro. Cada vez hay más españoles que hacen las maletas. Nunca volverán, porque su sitio está ocupado por incompetentes como tú.

 

Pero, ¿qué más da? Nadie te va a sentar en el banquillo pidiéndote responsabilidades por las miles de familias destrozadas.

 

Mientras, entre tanta confusión, alguien se ha llevado toda la pasta de estos años de grúas, yates, campos de golf, grandes hermanos, BMWs y narices de platino y no sabemos por donde anda. Ah, sí, por Suiza.

 

Los ciudadanos se llevan los palos pero no la plata. Ellos votan a los gobernantes pero los gobernantes no gobiernan para ellos. La democracia está en peligro. El camino de la regeneración es tan simple como duro: honradez y coherencia. Si has fracasado, dimite. Si gobiernas, cumple, y si no, no te metas.

 

Es verdad, las elecciones realmente no son necesarias para “el proceso”.

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