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Otro palo a la España que madruga

Otro palo a la España que madruga

Todos los artículos de prensa que analizan la reforma laboral se centran bastante en los efectos puramente laborales, pero este artículo me parece más interesante, porque va más allá. Lo reproduzco íntegramente. Está publicado en el blog de Nuño Rodrigo en el periódico económico Cinco Días, con fecha de 13 de febrero de 2012.

   

La tan esperada reforma laboral ha traído muchas novedades, y durante las próximas semanas los análisis sobre el mercado de trabajo inundarán la prensa, especializada y no tan especializada. Análisis teóricos que de poca utilidad serán al español de a pie, tanto al que tiene la suerte de tener trabajo, como el que suscribe estas líneas, como al que no.

El mensaje, en todo caso, es claro: para los que madrugan, trabajan y, si pueden, se dan un pequeño homenaje, cuidado. Además de subidas de impuestos, recorte de servicios sociales y demás lindezas de la crisis, este lunes viene con un miedo renovado a perder el empleo. Se puede despedir con 20 días por año en cualquier momento. Y amenazar con ello si el trabajador no se aviene a bajarse el salario. Una cuestión que, sí, podrá recurrir al juez. Pero el mensaje es cristalino.

Por otra parte, para los parados poca novedad. La reforma insiste en el modelo actual, al no tocar la temporalidad -salvo al recuperar la inane prohibición de encadenar contratos durante más de dos años-, puerta de entrada para la mayor parte de los parados. Su expectativa de encontrar empleo seguirá siendo vía contratos temporales. Si se puede seguir contratando a coste de despido cero, la rebaja del coste a 20 días (o 33, según las circunstancias) difícilmente hará que se hagan más contratos indefinidos. (Aquí, un análisis de Luis Toharia sobre la temporalidad).

Y éste es el principal problema, a mi juicio, del mercado laboral español, amén de uno de los principales argumentos bajo los que se defendía la necesidad de una reforma laboral. Trabajadores poco formados que entran en la rueda de los contratos temporales, un círculo vicioso de pocas perspectivas, poca implicación y poca productividad. 

El efecto a corto plazo de esta reforma será negativo para la economía. La sensación de inseguridad extrema ya presente en el consumidor/trabajador se agudizará. En un contexto de sequía casi total de crédito, restricción brutal del gasto público y recesión en nuestros principales socios comerciales, la recesión va a ser muy profunda. Por eso de crear empleo, mejor ni hablamos.

2012 nos empezará a enseñar si la reforma realmente permite mejorar la flexibilidad interna de las empresas, que es uno de sus objetivosmás loables (yo creo que es mejor renunciar al 10% del salario que dejar en la calle al 10% de la plantilla) o, por el contrario, los empresarios prefieren acogerse al despido objetivo y seguir ajustando por la vía del despido. Desde luego, si algo va a sobrar este año son "causas objetivas". 

Quizá me equivoque. Hay aspectos de la reforma que no van tan mal encaminados. Pero creo que no resuelve el problema principal, la citada dualidad, y está por ver si realmente el cambio en la negociación colectiva o en el sistema de formación flexibiliza el mercado de trabajo. Pero lo que es más preocupante, no parece que vaya a ir acompañada de otras medidas destinadas a mejorar el modelo productivo. Y no hablo de grandes proyectos de política económica; ni siquiera en aspectos de los que el propio Gobierno hace bandera. Porque, si de estimular a los emprendedores creadores de empleo se trata, ¿por qué no han pensado en que una empresa con dos trabajadores pague más impuestos que una multinacional de las que despide trabajadores de 5.000 en 5.000? O, si se trata de estimular la movilidad geográfica, ¿por qué este Gobierno subvenciona la compra de casa y no su alquiler?

Parece que cada día lo olvidemos un poco más, pero los grandes culpables de los cinco millones de parados no son los sindicatos, ni Díaz Ferrán, ni las leyes laborales, ni Zapatero ni los banqueros. Lo que nos ha llevado aquí ha sido una brutal burbuja inmobiliaria. La asignación de los recursos del país (capital, trabajo y esfuerzo empresarial) a una actividad, la construcción de casas donde sea y como sea, que había perdido cualquier atisbo de sentido económico. 

 

 

 

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