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micolumna

¿A quién nos parecemos más, a Baviera o a California? Contradicciones entre la integración económica y la integración cultural.

¿A quién nos parecemos más, a Baviera o a California? Contradicciones entre la integración económica y la integración cultural.

Se habla mucho de la contradicción entre democracia y mercados; entre política y economía. Pero no se cita otra paradoja que puede tener grandes efectos a largo plazo en la definición de las relaciones internacionales de toda índole. La importancia que tiene Internet en la fijación de espacios culturales homogéneos en torno a una lengua y la profundización de las divisiones respecto de otros espacios culturales diferentes.

 Asistimos a una gran contradicción. La integración económica y la integración cultural van por caminos distintos. Las nuevas tecnologías han venido a subrayar este divorcio de manera exagerada. En la denominada sociedad del conocimiento, los espacios de integración cultural resaltan todavía más las divisiones lingüísticas entre naciones.

 Si España es una nación europea y sus intercambios económicos son mayoritariamente con Europa, sin embargo, desde el punto de vista cultural España es una nación americana o, incluso, un Estado más de los EEUU antes que un Estado miembro de la Unión Europea, si a los efectos meramente culturales nos remitimos. Somos más California que Baviera, al menos como estado mental.

 El ejemplo lo he comprobado en mi propia tesis doctoral. Esta tesis, cuyo título no voy a reproducir ni a tratar, la ha publicado la Universidad Complutense de Madrid en su página web. Observo que ha sido descargada por numerosos usuarios en España, pero observo también con orgullo que en segundo lugar, lo ha sido en ¡los Estados Unidos! Y en tercer lugar, en México. Pero lo curioso es que detrás de otras naciones iberoamericanas aparecen Rusia y Japón entre las más demandantes de mi trabajo, antes de llegar a los primeros países de la UE en los que más me han leído, Italia (proximidad lingüística) y Reino Unido, con tan sólo 8 descargas cada uno.

 Este hecho aparentemente anecdótico nos muestra que Internet relativiza las distancias físicas e incrementa las culturales, con los correspondientes efectos que esto puede tener en el ámbito político y estratégico. Que España mentalmente esté más cerca de Buenos Aires, México DF o de Los Ángeles antes que de París o de Munich, seguro que ha de provocar algún efecto político a largo plazo. Tiene que tenerlo. Que Londres esté más cerca de Sidney que de Bruselas ya lo está teniendo en el momento actual.

 Es cierto que el intercambio de bienes sigue siendo más poderoso que cualquier intercambio de servicios y la proximidad geográfica en este caso cuenta. Podemos llevarles pepinos a los alemanes antes que a los norteamericanos. Sin embargo, las alianzas estratégicas, la firma de contratos y las decisiones de inversión pueden venir fuertemente marcadas por las solidaridades culturales.

 Un dato: las filiales de empresas multinacionales de los EEUU son las que más PIB aportan a nuestro país después de las francesas, por delante de tachán tachán: las alemanas (INE,2009). Los franceses son los que más pasta generan en España y los segundos son los americanos. Proximidad geográfica evidente en el caso de los primeros, ¿creciente proximidad cultural en el caso de los segundos?

 El fallo de la integración europea no es económico, ni político, sino cultural. Son las diferencias culturales las que impiden las solidaridades entre pueblos, los intercambios y las redistribuciones espontáneas. Internet y la crisis económica actual no van a hacer otra cosa que profundizar esta tendencia cada vez más.

 

 

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