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micolumna

Se acabaron las tonterías

Se acabaron las tonterías

Hubo un tiempo en que la economía iba más o menos bien y la gente hasta simpatizaba con los caraduras y pícaros que se forraban a costa de los demás. Los medios de comunicación sólo emitían “realities” y grandes hermanos que la población consumía con alegría y envidia. Los políticos eran medidos por su “carisma” y lo bien que les sentaba la corbata y eso hasta surtía efectos electorales, según los expertos en mercadotecnia. Que si Zapatero es inexperto, no importa, habla bien. Suena bien. Que si Berlusconi es un corrupto o un impresentable, no pasa nada, forma parte del show mediático y la, la, la. . Cuando el estómago está lleno, se tiende a la frivolidad, como en las grandes familias aristocráticas que vivían de fiesta en fiesta. 

Pero todo ha cambiado. Han llegado los tiempos de las vacas flacas, del desempleo y de las familias desahuciadas. La desesperación acucia a todo el mundo. Ya no caen tan bien los analfabetos metidos en una casa haciendo el tonto o los tertulianos inútiles que echan espumarajos por la boca y ganan dinero sin trabajarlo. En los tiempos de esta dolorosa cuaresma se están acabando las tonterías. Toda una generación de políticos nacidos al calor mediático de los tiempos de bonanza será arrasada por otra nueva generación de políticos centrados en los fríos y aburridos balances, más les vale. También los programas basura no empezarán a gustar tanto, porque la simpática envidia de antaño comenzará a convertirse en indignación. 

La gente busca evasión, pero cuando no se llega a fin de mes no se está para gilipolleces, por lo que cada vez se tolerará menos a los gilipollas.

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